sábado, 12 de diciembre de 2015

Sesión publica de humillación y wareo (Juan, 30a)


Inicio mi sección de relatos de sesiones con la sesión que he tenido ayer. Le llamaremos Juan. Un tío de unos 30 años, pijo, de buena apariencia y con unos ojos azules preciosos. La petición de él era sentirse humillado en público. Después de haberme rellenado la lista de límites y preferencias, vi que también le gustaba ciertas prácticas de “sexo guarro”.


Quedamos en mi dungeon a las 22.30. El fue puntual, y tras una breve entrevista cordial, confirmando cuales eran sus gustos y cuales sus límites, así como su experiencia, le lance varias propuestas. Me abono lo que habíamos acordado. Le avise que en el momento en el que le pusiese el collar empezaba el juego. Se cruzaron nuestras miradas y los dos nos cercionamos que el juego había empezado mucho antes. Seguramente el en casa estando nervioso por la sesión y yo con el deseo de conocer una persona nueva. Cada persona es como el viaje por un país nuevo, con su propias características.

Una vez puesto el collar nos fuimos a un local de sexo de Madrid. El estaba nervioso pero deseando jugar. Se fue a desnudar, y yo lo pare, quise desnudarlo yo ante la mirada de todos. El se veía precioso, completamente desnudo, con un collar negro de cuero como identificativo. La gente empezó a fijarse en los dos. Le agarre del collar con mi mano, y nos fuimos a la barra pedimos una cerveza. El se sentó en una silla, y le deje claro cual era su sitio poniéndole la cerveza en el suelo, se agacho, y se puso mirándome desde el suelo. Poco a poco iba aprendiendo cual era su lugar.

Después de haber jugado un rato, con miradas, caricias con mis pies, lamerme los pies en público, hacer que se empalmase en un par de ocasiones, decidí que ya era el momento. Lo lleve hacia un sitio adaptado para que lo orinasen encima. Al principio la gente cuando iba lo miraba extrañado, no se atrevían a orinarlo, aunque estaban deseándolo. Tube que intervenir yo, hablarles, convencerles de que aquel tío estaba deseando su orín, que aquel tío era un wc. Si el sumiso hubiese tenido rabo seguro que lo habría movido como un buen perro, pero “simplemente” me miraba y esbozaba una sonrisa de satisfacción.  Empecé a orinarlo yo delante de todos, muchas veces si uno no rompe el hielo la gente no se anima a dar el paso. Y así fue, poco a poco se iba acercando gente a orinarlo. El estaba agachado, satisfecho, sintiéndose húmedo y humillado. Hubo un momento estelar donde estuvimos orinándole tres personas a la vez.

Después de estar jugando con él durante casi más de una hora. Me encargé de limpiarlo bien. Él se asombró de mi trato cariñoso, y yo le explique que si en ese momento era de mi propiedad debía también de cuidarlo. Una vez aseado, le dejé que jugase por el local y yo me puse hablar con algunos amigos que había visto allí. Hice un fist a un colega conocido. Después al rato, nos fuimos de nuevo para mí dungeon. De camino le pregunte si le parecia bien que publicase un pequeño relato de la sesión en el blog, y el me dijo "sera un honor para mi, me lo he pasado de vicio". Nada mas llegar, me dio un beso, y me estuvo comiendo los pies de postre final.


Cuando llegó a casa me envió un wasap diciendo “Ha sido genial. Gracias por todo Dominus Jaime”. Hoy he recibido un wasap de el que me decía “Me encantó conocerte anoche. Hacía mucho tiempo que deseaba que alguien me tratase así. No tenía muchas esperanzas de logarlo después de varias intentonas. Pero me sentí genial. Me encantaría que siguiésemos teniendo sesiones”. Para mí es un orgullo tener personas así a mis pies. 



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Para las fotos como para este relato he pedido permiso a la persona que par-ticipa en él. Nunca publico nada sin el consentimiento de los que participan en las sesiones. Los datos están modificados para que la persona permanez-ca en el anonimato, por eso mismo tampoco muestro las caras. 


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