sábado, 17 de abril de 2021

Sesión relato castidad forzada de Carlos y sorpresa final


Carlos es un tío que lleva viniendo a las sesiones desde que empecé. Un tío masculino, serio, amable, deportista, y con pareja de tío desde hace más de 19 años. Él ha sido su única relación en sus 36 años. Les tengo un particular cariño a los dos. Cuando vino Carlos por primera vez, estaba tembloroso. Prácticamente tenía una relación cerrada con su chico. Pero como pasa a veces,  su chico, es muy vainilla en lo que se refiere al sexo, además de ser aniñado, y para estos roles,  a Carlos le gustan velludos y varoniles. Así que Carlos me vio como una forma de explorar esas cosas que había sentido desde hace años, pero que veía improbables de llevar a la realidad con su chico.

Recuerdo la primera sesión, tembloroso, con la mirada hacia abajo, pero no por respeto, sino, por una sensación de vergüenza. Esa cara iba cambiándose por la de un niño ilusionado cuando veía algún juguete nuevo, o alguna práctica. Me costó, pero conseguí que desconectase, mejor aun, que conectase con sus pasiones y deseos y desconectase de sus miedos. Esa sensación duró hasta que eyaculó. En ese instante volvieron sus sombras, y su rostro cambió.      Se sentía mal, como que hubiese quebrado un pacto, cuando en realidad había quebrado sus ataduras. Dos días después, me escribió un whatsapp  “Jaime, has sido encantador conmigo, aunque a veces un poco cabrón. Pero creo que debo dejar las cosas como están. No quiero hacer más sesiones, ni contigo ni con nadie. Tengo miedo de que mi vida cambie”. Yo le respondí algo del tipo “No te preocupes, puedes contar conmigo para contarme tu evolución y preocupaciones”.

Y así pasaron los meses. Por supuesto él no escribió. Incluso me bloqueó, porque su imagen no aparecía en su whatsapp. Me dio lastima por él, pero le entendí. Hasta que un día me escribió “ya no puedo más, necesito sentir las cuerdas, las esposas, los azotes”, “muy bien, pues ahora vamos a esperar, vamos a trabajar esas sensaciones y emociones”. Así fuimos hablando durante varios días, hasta que por fin le di cita un Jueves. Las sesiones fueron con mis condiciones y jugando a lo que yo quisiese. Mi idea era hacer unos ejercicios para que él entrase dentro de sí mismo, y rompiese el cascarón. Y lo conseguí. Fuimos juntos al subespace, y descubrió una nueva dimensión. Siguió viniendo a sesiones, cada vez íbamos explorando unas cosas, y descubriendo sus gustos. Le nació la idea de salir del armario con su chico. Le fui dando unas pautas. Y decidimos hacer un taller con su chico, un “taller velado”.

Recuerdo aquel taller porque no fue en mi mazmorra, y ni siquiera fue el esquema de taller de parejas que quieren enseñar al otro lo que es el BDSMk. La hicimos en un local, ni siquiera era un local de sexo, había que buscar un sitio que fuese cómodo para su chico. Carlos me presentó como un amigo especial. Su chico vino sobre todo por curiosidad. Nos sentamos en una mesa cerca de un baño. Entablamos una conversación trivial, con la ventaja de que yo ya sabia como era su chico, y qué temas sacar para que estuviese cómodo. Entonces saque mi móvil, y dije, disculpa tengo que mirar por la cámara como va mi chico que le he dejado amordazado en casa. Su chico se rió, hasta que vio por el móvil que ciertamente mi chico estaba vestido de rubber y con una camisa de fuerza. Ahí entablamos una conversación sobre si yo realmente quería a mi chico, y formas diferentes de expresar la sexualidad y el amor. Y ahí me tiré a la piscina, podría haber salido mal, pero salió mejor de lo que me podría esperar. Le dije, me dejas hacerte una demostración en 10 minutos, y él dudando, accedió. Saqué una cuerda, y se las puse en las manos, le até. Y le acaricié con el dedo la oreja y el cuello. El tragaba saliva, y miraba a su novio. Estaba tan tembloroso como Carlos el primer día. Carlos le dio una sonrisa y asintió. Y alejop, descubrí que se había empalmado. Le llevé al baño tirando discretamente de la cuerda, Carlos venia detrás. Le termine inmovilizando en el baño, mientras su novio y yo le besábamos y acariciábamos. Su rabo se empalmaba más y más, la adrenalina le invadía todos los rincones de su cuerpo. Mire el reloj, y dije, “ya han pasado nueve minutos. Vamos para la mesa”. Ahí seguimos hablando, a Carlos le dejé las cuerdas para que se las llevase a casa y tuvieron una noche de pasión, muy… jugosa.

Carlos no sabía cómo darme las gracias, no hacía más que enviarme elogios al whatsapp. Así que le propuse que viniese con su pareja a una sesión.

Después de que se pusiesen cómodos, y de “calentar”, les hice que se arrodillasen delante de mi y les di una orden a los dos “pase lo que pase tenéis que estar siempre juntos y cuidaros mutuamente. Esta es la gran orden que os doy. Si la inclumplís dejaré de veros a los dos, y además os castigaré de más formas”. Como era de esperar lo pasamos genial los tres, y desde entonces, unas veces venia Carlos, otra los dos y otras el novio. Les propuse una gran variedad de juegos, incluyendo los cuckold. Llegaron hasta tener un sumiso a medias, Carlos hacia de Amo, y el novio hacia de switch. Llegó la mierda del coronavirus, y lo paró todo. Tuvimos esa cuarentena larga que todos recordamos, quietos y encerrados en nuestras casas. Los dos me pidieron sesiones ciber y yo me negué. Me encanta sentir la piel con piel y mirar a los ojos. Así que les dije que habría que esperar. Y les pase un enlace sobre la serie mia de articulos de BDSM en cuarentena, sobre opciones de sexo en tiempos de pandemia.

Leyeron el artículo de Cellmate de Meo, y me propusieron jugar con el cepo de castidad. Llevando yo el control, y turnándoselo entre los dos.  Y como es un dispositivo de castidad que se acciona desde el móvil pues no importaba la distancia (podéis leer mas sobre él en Cellmate)

La idea me pareció muy divertida. Pidieron el cepo de castidad, les llegó a casa y me enviaron una foto tal y como me habían dicho. Hicimos una video conferencia, y el novio se lo puso a Carlos. Yo les dije “esto es una putada para los dos, porque Carlos es solamente activo, y tu solo eres pasivo, así que os dejo a los dos sin follar” con una cara de cabrón juguetón que algunos conocéis. Me fueron escribiendo como se sentían, y yo les iba diciendo algún ejercicio morboso. A los tres días, le prohibí al novio que se corriese. Carlos se tiró dos semanas y pico con el cepo puesto. Estaban los dos que se subían por las paredes.

Un día me escribe Carlos, “Dominus Jaime, mi novio me ha violado”, y yo “a ver, que no es el dia de los inocentes jaja, tu novio es un pasivazo de libro”, “pues … ya no, estábamos jugando, me tiró a la cama, empezó a rozarse, se empalmó, escupió en mi ano… y…” “y que” “pues eso, que terminó follándome, era una mezcla rara de dolor y de placer, empujó mi cara contra la almohada y me puso un calcetín en la boca, hasta que terminó preñándome”. “Joder, ¿lo dices enserio?”,” si Señor, lo peor no fue eso, lo peor fue que a los dos nos gustó”. “Bueno eso es lo mejor, jajaja. Así podéis jugar de muchas más formas”.

A día de hoy, Carlos sigue con el cepo de castidad puesto. Me han ido contando algunos de sus juegos, si me dejáis comentarios (y ellos me dan permiso) os los iré contando. Os adelanto que el culo de Carlos ha terminado como un donuts, superdilatado. 




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10 comentarios:

  1. Otro artículo interesante. Me gusta mucho su empatía. Muy empático con novatos. Espero conocerle pronto. Enrique

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    1. Muchas gracias Enrique por tus comentarios. Si ya falta menos para que nos conozacamos.

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  2. Increíble relato. Qué bueno es cuando se dejan atrás las etiquetas de roles y se disfruta a tope la sexualidad. Espero que nos cuentes más sobre Carlos y su chico, y su castidad.

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    1. Genial claro, depende de ellos. Pero también creo que seria interesante

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  3. Muy buen artículo como siempre. Genial por esa pareja que dio pasos para conocerse más.

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    1. Me alegro que te haya gustado. Gracias por tus comentarios

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  4. Me ha dado mucha ilusión el ver el relato. Y porque no decirlo también morbo. Gracias.

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    1. jeje, me alegro, sabia que te iba a guatar. Gracias a ti y a tu chico.

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