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domingo, 22 de agosto de 2021

El ‘Efecto Reconexión’, el Efecto Puerta llevado al BDSM


Muchos os quedáis perplejos cuando os muestro que el BDSM puede ir mucho más allá del “simple” juego sexual. y que se puede usar el BDSM, por ejemplo, como herramienta para eliminar estrés o ansiedad. Una de las herramientas que se puede usar para ello es el efecto puerta, que yo lo llamo “Efecto Reconexión”.



 

 

 

 

El efecto puerta es sencillo de explicar. Has visto esa vez que estás en el salón y vas al armario a coger una camisa… pero cuando estás en la habitación no sabes a qué habías ido allí. Ese juego mental se llama Efecto Puerta.  Voy a explicar un poco este mecanismo mental. Nuestra mente procesa las cosas en tres niveles,  metas-ambiciones, planes-estrategias y acciones concretas. Conforme hacemos las actividades diarias nuestros pensamientos cambian con rapidez de uno a otro nivel. Ni te imaginas cuantos procesos pueden darse a la vez en tu cerebro.

Si estás haciendo algo con lo que estás familiarizado, por ejemplo, hacer una tortilla de patatas, nuestra mente puede divagar, mientras que al pelar las patatas lo hace de una forma más automática, no necesitando recursos para ello. Pero nosotros podemos manipular esto y hacer que la atención de nuestro cerebro vaya de un nivel a otro.  Y eso lo hacemos por ejemplo controlando nuestros recuerdos y a su vez los recuerdos están incrustados en redes de asociación. Y estas asociaciones pueden ser con tus sentidos: olores, texturas, sonidos, sentimientos en tu cuerpo, sabores, etc.  Estos sentidos pueden ser del entorno físico donde formamos la memoria de esos recuerdos o bien del entorno mental de cuando formamos los recuerdos.

Generando recuerdos y asociaciones de sentidos

No sé si alguna vez has hecho meditación. Pero cuando empiezas, muchos profesores te sugieren que crees tu ambiente para iniciar la práctica, que escojas el mismo sitio, o ese cojín cómodo, o velas o incienso, y que lo reproduzcas. Eso no es solo para crear un buen ambiente y que estés cómodo, sino que estás construyendo una red de asociaciones. Esta red te ayudará a que te deslices más fácilmente en la meditación en las siguientes prácticas. Es un refuerzo desde varios sentidos hacia esa acción. Y esto es debido a que nuestro entorno afecta muchísimo a nuestros recuerdos y nuestros recuerdos a la vez afectan a nuestro espacio mental.

El Efecto Puerta visto por la ciencia

El Efecto Puerta, también es llamado Efecto de Actualización de Ubicación. No necesariamente se da cuando pasas una puerta, pero sí cuando las circunstancias cambian. Por ejemplo, abrir la nevera, cambiar de pestaña en el móvil, el contraste de acciones hará que nos quedemos un momento en blanco. Un estudio realizado por Baumann y publicado en la BMC Psychology, indicaba cómo el detonante principal para este efecto era una mente ocupada. Para el experimento,  en una primera experiencia, debían pasar de una habitación a otra recordando un elemento de la otra habitación, y recordarlo después. Y en una segunda experiencia debían acordarse de un elemento, pero además ir contando números hacia atrás (algo que no es común, y además ocupaban tareas en su memoria de trabajo). En la primera prueba, la mayoría se acordaba del elemento que había elegido de la habitación, mientras que en el segundo había mucha más dificultad para recordarlo. Dedujeron entonces que el efecto puerta se da cuando el cerebro interpreta que se ha dado un cambio de contexto y es más pronunciado cuando la mente tiene más “cosas en la cabeza”.

Cómo influye esto en el BDSM

En el BDSM muchas veces trabajamos con unos protocolos, un espacio, un collar, un vestirte de una forma concreta. Todo eso hace que nuestra mente genere un estado de meternos en nuestro “papel”. Es lo que llamo yo el “Efecto Reconexión”,  que no es otra cosa que usar el efecto puerta, para nuestro beneficio, metiéndonos en un contexto diferente, nuestra puerta al BDSM, dejando atrás las preocupaciones del día a día.

Entra en conexión con lo que apunté en su día en el artículo sobre el efecto mágico y transformador de la máscara (puedes leerlo aquí), y cómo en diversas culturas se ha usado ese elemento para hacer pasar a la gente de una puerta a otra dejando atrás las otras circunstancias, ya sea en situaciones mágicas como los chamanes o en situaciones más artísticas como el teatro.

No te ha pasado a veces que te pones ese catsuit de rubber y ya entras más en situación, o esas botas, o ese pantalón de cuero, o esa Hood, o ese collar especial. Pues eso es el “Efecto Reconexión”. Y en ese momento tu cuerpo no es sólo que se prepare para recibir o dar caña, sino que desconecta del resto de preocupaciones. En ese momento eres tú mismo, pero a tu lado BDSMk. Afecta incluso en algunos casos a nivel muscular. He visto a gente como se preparaba para la sesión y la carga de sus músculos se relajaban. El cuerpo dice “ah por fin” y se relaja. Como después de una buena caminata por el monte y encuentras la fuente de agua fresca.

Por eso es importante, entre otras cosas, que el sumiso lleve siempre el mismo collar, o que se sigan unos protocolos similares, porque de esta forma generamos asociaciones e inconscientemente desencadenar un espacio mental. Y esto funciona tanto para el sumiso como para el Dominante. Sin duda ayuda también a alimentar y mejorar la conexión y la experiencia de cuando se está juntos. Es una retroalimentación de esa reconexión.

De esta forma es fácil que usemos el efecto puerta o reconexión para desconectar con nuestros problemas, agobios y estrés del día a día, para reconectarnos con nuestro yo BDSM.


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miércoles, 16 de junio de 2021

Las segundas oportunidades en una relación BDSM ¿Volver con tu ex?



Las segundas partes nunca son buenas, dicen.  Las segundas oportunidades no son una opción que pueda funcionar en todas las relaciones ya que encierran muchos fantasmas y rencores. Darse una segunda oportunidad sólo funcionaría si sois capaces de superarlos. Es más, incluso puede llegar a mejorar la relación que se tenía antes. ¿Volver con tu ex?, sí,  sólo si eres valiente.






Las segundas relaciones no suelen funcionar


Pero la razón no está en que sea una segunda relación (o una tercera, cuarta, quinta) con esa persona, sino, que se decide o se retoma por motivos equivocados. ¿Y cuáles pueden ser esos motivos erróneos?, la necesidad, la sensación de vacío después de haber compartido tiempo con esa persona, una sensación de miedo hacia el futuro. Pueden ser síntomas de dependencia emocional. Y en ese caso, seguramente se van a repetir los mismos errores, con los mismos resultados. ¿Qué esperabas?


Si ves que te sucede eso, quizás depende de que has dejado toda tu felicidad en manos de tu pareja. Error. Tanto si eres Amo, como el sumiso, o cualquier otro tipo de relación, tu felicidad (y tu sexualidad) depende de ti , tú lo ofreces y compartes con el otro, y es ahí cuando se hace más grande aún.

Una distancia a veces viene muy bien para ver las cosas con perspectiva, y no en el huracán en el que estabais. Justo en ese huracán es cuando no hay que decir, “mira mejor lo dejamos”, no!. Decía San Ignacio de Loyola, “en tiempo de tribulación no hacer mudanza”. Pero si ya has dado el paso, plantéate,  ¿mereció la pena? ¿has hecho bien? ¿deseas realmente volver con tu ex?. A mi en alguna ocasión, me he cegado por amor, se terminó esa relación, y después de un tiempo, pude ver cómo esa relación no era beneficiosa para ninguno de los dos. Y al revés, cómo otras han sido necesarias para aprender, y como me encantaría no haber roto.



¿Y entonces cuales pueden tener éxito?


Aquellas parejas que han visto ese paréntesis como una ocasión para reflexionar. Los que son compañeros de vida, que les une una hermosa lealtad, pero que también son seres individuales y comprenden que su felicidad no depende del otro, se complementan. Ellos eligen, estar a los pies de la otra persona, y no que la otra persona sea el aliento de sus vidas.



Ojo con el desgaste


Un gran porcentaje de rupturas son por degaste. ¿Por qué te molesta lo que antes tanto te gustaba de tu sumiso?, ¿detestas el mal carácter de tu Amo?, ¿Por qué ya no ladra como antes? o, ¿por qué ya no me presta atención?. Son preguntas que se producen por el día a día, a fuerza de quedar varias veces o de convivir. Es lo que los ñoños dicen “se fue el amor”, cuando realmente es el momento del compromiso, el arte de vivir y enamorar. En el mundo que vivimos de usar y tirar, es cuando se suele tirar a las personas y comenzar con otra. Y es que la rutina y el desgaste es lo que más mella puede traer a una relación. Es más de lo mismo. Pero sin embargo, una persona madura verá cómo esa convivencia ayuda a madurar la relación y hacerla mas sólida. Y además a crecer él como persona.



Un proceso de aprendizaje


La segundas oportunidades dependen de los problemas previos. Por ejemplo, imagínate que lo que detonó la ruptura fue una infidelidad. Si la persona no logra superar ese engaño, intentarlo seria perder el tiempo. ¿Qué fallo?, la sinceridad, la comunicación, la falta de deseo. Quizás sea el momento de probar otro tipo de relación diferente. Esos errores que hemos visto en el otro y que nosotros teníamos, tenemos que trabajar en ellos y mejorarlos. ¿Pero si yo soy así?. No, las personas pueden cambiar, solo que es mucho mas cómodo pensar que eres así y no cambiar.  Así que si quieres una segunda oportunidad, debéis plantearos, qué debo cambiar yo, y no tanto en,  qué puedo cambiar al otro. Y el otro hacer el mismo proceso. Y juntos con la relación en sí.


Tienes que estudiar tres pilares de tu relación. El primero es detectar qué es lo que no funciona entre ambos. El segundo, ver qué puedes hacer tú para resolver ese conflicto sin necesidad de exigirle al otro (y el otro hacer lo mismo). Y el tercero, y el más difícil, solucionar el problema pero sin dejar de ser vosotros mismos. Ojo que te veo venir, puedes ser tu mismo pero también mejorar como persona o como Amo o como sumiso. En el terreno de las sesiones hay cuatro patas que tenéis que analizar, la iniciativa, la frecuencia, los rituales y la resolución (incluyendo el aftercare).


Es muy importante que dialoguéis, creéis de nuevo pactos, redactar un nuevo contrato si hace falta, basándoos no solo en vuestros morbos, sino, en la realidad que habéis vivido. Si la comunicación no funcionaba, es el momento de ponerle tres en uno. Comunicación y construir, comunicación y construir. Recurrir a la comunicación, pero no construir o cambiar nada, tampoco sirve. Tienes que querer estar con esa persona, no porque no encuentras quien te lama los pies, sino porque deseas que sea él. Que te conquiste su alma y su ser. Con sus debilidades y fortalezas, nadie es perfecto.



Y entonces es posible... ¿una segunda oportunidad?  y ¿volver con tu ex?


Según algunas estadísticas, mas del 50% de las relaciones son capaces de seguir avanzando juntas después de una ruptura o una crisis grave. Según mi experiencia, por las personas que se han puesto en mis manos, ese porcentaje es mas alto, de un 80-90%. Pero claro hay que pasar una ITV a la relación, y mejorar lo necesario del coche de vuestra relación, para poder pasar esa ITV. A mi me encanta ayudar a personas a que frente un posible nubarrón de ruptura, esa lluvia sirva para hacer crecer. Para ello es importante analizaros bien, con objetividad, y comprometeros. Las segundas oportunidades tienen una “palabra de seguridad”: cambio. No es posible seguir haciendo lo mismo y esperar que los resultados sean diferentes. Así que,  si tienes en cuenta todo eso, sí es posible una segunda parte en tu relación. Y yo, te animo a ello.



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miércoles, 15 de abril de 2020

¿Puede un Amo ser tu amigo?


Hace ya muchos años, cerca de 20, en pleno auge de las salas de chat, el Messenger, las webcam y el IRC, y convertido en un chaval curioso y borracho de hormonas que empezaba a descubrir el mundo BDSM a través de una pantalla, conecté la cámara de mi ordenador con un chico “dominante”, un Amo – decía él -,  que había conocido en la red y que prometía ser mi mentor para enseñarme un maravilloso mundo de sumisión y obediencia. Seguí cuidadosamente todas sus indicaciones, desde la correcta iluminación de mi habitación, hasta el volumen de los altavoces, y el atuendo con el que me encontraría (vestido, pero en todo caso sin calzoncillos, ya que eso era una tremenda falta de respeto).

Durante los primeros segundos de la conversación temblaba como una hoja. Su voz sonaba grave, intensa, era autoritaria y firme, grave y profunda como la de un locutor radiofónico. El mero hecho de escucharle, de permitir que me viera y poder verle, me provocó una erección instantánea que mantuve hasta que, minutos más tarde, pude masturbarme antes de ir a dormir. En un momento determinado de una conversación que ahora recuerdo como más bien insulsa, miré a la cámara como queriendo mirarle a los ojos, y sonreí. Era mi forma, casi inconsciente, de decirle “estoy aquí, estoy bien, confío en ti”. Su reacción inmediata fue decirme que bajase la cabeza, que mirase siempre al suelo. “Está bien que sonrías, pero no debes mirarme con la cabeza alta”.

Desde aquel preciso momento, una de las cuestiones que más me han llamado la atención sobre las relaciones BDSM y su funcionamiento es la manera en la que se establece y mantiene el trato personal entre Amo y esclavo o sumiso. Conocer el protocolo y estar a su altura es una tarea mucho más complicada de lo que podría parecer, especialmente por la enorme diversidad de criterios que existen, y de las distintas formas de comportarse tanto de dominantes como de sumisos. Sin embargo, y a pesar de que me parece un tema importante que debe cuidarse en el desarrollo de la relación con tu Amo, puede terminar también por convertirse en un artificio que le quite autenticidad y verosimilitud a un encuentro o sesión. La sutil sensación de que uno está interpretando un papel convierte a veces la práctica BDSM en una sucesión de sesiones inconexas, incoherentes, con un principio y un final, guionizadas. Placenteras, no digo que no, pero vacías a medio plazo porque te devuelven una y otra vez al punto de partida, sin una evolución o aprendizaje. Si hay algo que he empezado a entender recientemente es que la sumisión tiene mucho que ver con el aprendizaje, el conocimiento de uno mismo, con explorarte y dejar que te exploren. Y ahí no caben artificios ni posturas, porque lo que no es, no es.

En mi no muy prolífica ni experimentada carrera como sumiso he tenido ocasión de encontrarme con diferentes perfiles de Amos, con gustos y necesidades diferentes y de lo más exóticas, pero casi siempre con un denominador común: la barrera, la distancia. Eso bloqueó durante años por completo mi capacidad de aprender nada de ninguno de ellos, porque al final de cada encuentro la vergüenza y la culpa me devolvían al instante al punto inicial.

Cuando consiguen convencerte de que eres menos, y te han anulado lo suficiente como para que interiorices tu inferioridad, y entiendas que eres un mierda fracasado que merece ser ninguneado y maltratado, tú mismo construyes la relación con el Amo de esa forma, bajo esas premisas. Y cuando el subidón del momento ha pasado y te devuelven de una patada  en el culo a tu realidad de cada día, no hay forma humana de sentir la más mínima sensación de dignidad, ni la más remota posibilidad de sentir ganas de repetir. Lo que te pide el cuerpo es olvidarlo deprisa, sacar de tu cabeza todos tus fantasmas antes de que acaben contigo, y cruzar los dedos para que el cuerpo no te pida repetir más adelante. Porque tú eres más que eso, y lo sabes, pero tus sentimientos chocan frontalmente con tu instinto de supervivencia, y no dejas de preguntarte por qué te permites a ti mismo verte en semejante situación. En ese contexto es imposible que interiorices nada, ni hacer el BDSM compatible con la vida sana y equilibrada que tu maltrecho sentido común te pide a gritos tener. Entonces lo apartas en un compartimento cerrado con llave, y solo permites abrir esa puerta de tarde en tarde, cuando la necesidad aprieta.

La primera vez que un Amo te trata bien te sientes hasta culpable. Porque estás convencido de que no lo mereces. Has aprendido que no es tu sitio, que no funcionan así las cosas. Me costaba mirarle a los ojos. ¿Cómo voy a atreverme? Toda mi vida había dado por bueno que un Amo tenía todo el derecho del mundo a maltratarme, y que desarrollar mi naturaleza como sumiso pasaba sí o sí por aceptar esa degradación permanente. ¿Quieres ser un buen sumiso? Aguanta.

¿Puede un Amo ser tu amigo? Tiene todo el sentido cuando experimentas un trato diferente con uno de verdad. Porque tu Amo sabe cosas de ti que puede que nadie más en el mundo sepa. Porque eres capaz de ponerte completamente en sus manos, totalmente expuesto, indefenso, vulnerable, y aún así, tranquilo y seguro. Porque te cuida, física y mentalmente, llevándote al límite cuando es necesario para luego traerte de vuelta sano y salvo. Es la forma más extrema de un amigo, uno que aceptas y que te acepta sin condiciones, sin juicios, sin secretos ni zonas oscuras, con todo lo que eres, incluso aquello que más te avergüenza, y que es capaz de convertir en un valor. Le esperas y deseas con impaciencia porque tiene la llave de espacios de tu cabeza donde nadie más se atrevería entrar, que domina con sorprendente habilidad y amuebla a su antojo para que los dos os sintáis igualmente cómodos.

Estoy en fase de aprendizaje, peleando todavía con viejas creencias, pero el futuro es prometedor. Día a día siento que se va forjando la base de una relación Amo-sumiso basada en la sinceridad, la confianza y el respeto. Quiero trabajar para superar prejuicios, y someterme física y mentalmente de todas las formas posibles, ponerme en sus manos y saltar al vacío sabiendo que Él es la mejor red posible. Quiero notar como se aprieta la cuerda, como poco a poco se cierran las salidas y no hay escapatoria. No quiero dar marcha atrás, no quiero volver a la oscuridad de un pasado en el que tengo que elegir entre ser persona o sumiso. Ahora ya no lo necesito, y el único camino posible es hacia adelante.



Nota: Este articulo ha sido escrito por el sumiso X. En principio me lo envió como reflexión personal, pero creo que es tan interesante, que merece la pena que lo comparta con vosotros. Espero que os guste.




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