jueves, 27 de julio de 2017

Sesión con Rudolf, dogtraining y humillación en un local de Madrid


A Rudolf, ya le conocéis, he escrito dos o tres relatos, de algunas de las sesiones que hemos tenido juntos. Cualquiera que lo conozca en persona sabe que es la ternura personificada. Me envió un mensaje a las 19h, “Hola Amo, ¿que tal? ¿Tienes plan esta noche?”. Me encanta quedar con el, aun así he de decir que como ya sabéis algunos, apenas tengo tiempo últimamente para sesiones. Ya era la tercera o cuarta vez que me preguntaba. Y decirle que no, ya parecería que realmente no quería quedar con el. La verdad es que me apetecía quedarme en casa, ver una peli con mi pareja, ducharnos juntos y echar un polvazo romántico. El se iba un día mas tarde y era la anteúltima noche que pasaríamos juntos.

Pero eso, no podía decirle ya que no a Rudolf. Asique pusimos cita a las 22.30, y allí estaba, me había venido a buscar en coche. La idea que me planteaba, era ir a un local, y que le pasease como un perro, y humillarle por el tamaño de su rabo. Dos cosas que para mi son un placerazo. Estuvimos debatiendo a que local ir. Para ver donde podría haber mas gente en un día entre semana. No me las tenia yo muy seguras, de que en ningún local hubiese mucha gente. Lo vi allí aparcado, y en mi surgió una sonrisa. Abrí la puerta y “Hola Amo”. La sonrisa se hizo mas grande “Que tal estas perrako”, le revolví el pelo con mi mano, y se la puse encima de la pierna. Realmente tengo una conexión muy buena con él.

Fuimos conduciendo por las calles de Madrid, yo con un pantalón de cuero, botas y una camiseta de Rise Against (me encanta el logo de ese grupo). Era una noche espléndida, las luces de las calles, y que alguien conduzca para mi. Poco mas se puede pedir. Fuimos a un aparcamiento, y desde allí andando hacia el local. La verdad es que me encanta ir de cuero por Madrid. Precisamente hoy, cuando publique una foto de un termómetro con los grados que hace en Madrid, una chica me dijo “Lo malo de este calor que hace en Madrid, es que no vas a poder vestir de cuero”. “Ya me conoces, y sabes de lo que soy capaz”. Y ciertamente, para mi el calor no es un impedimento para el cuero.

Llegamos al local, y como ya es un perro que esta enseñado, me abre la puerta, y se lo agradezco “muy bien echo perro”, vamos al vestuario, me quito la camiseta, y el ve que llevo un arnés. Vi como su paquete, se hacia cada vez mas grande. Realmente, creo que el arnés, es una prenda de un sumiso, porque así fue originalmente diseñada. Pero en la mente de Rudolf, no funciona así (como en la de la mayoría). Se fue desnudando, hasta quedarse en bolas. Y vi como estaba empalmado. “Y eso?” “Ya sabe, usted me pone mucho, verle con el arnés, y de cuero, y estar yo aquí desnudo”. Le abracé. Y le di mi percha, para que se la diera al del ropero para colgarla. Sacamos la máscara de perro, y en ese momento, zasca, un cliente de mi trabajo. Le miré, nos sonreímos, y no nos dijimos nada mas. El hizo ademán de quedarse, pero al final decidió irse. A la mañana siguiente me envió un wasap.

Realmente Rudolf, estaba muy sexy con la máscara de perro. Le puse un “collar” en los huevos, y le fui paseando por el local. El terreno para mi era desconocido, era la primera vez que iba. Quería ver las posibilidades tanto del local como de la gente que había. En todo momento el iba empalmado y babeando por el rabo. De echo incluso, fue difícil ponerle el collar, precisamente porque la tenia empalmada. Y eso a pesar del tamaño de su rabo, que sin duda encabeza el ranking de las poyas mas pequeñas que he visto. Rondará los 10cm, y poco mas que un dedo de grosor, de echo podía ser el dedo de cualquiera. Es de esos rabos, que cuando los ves dices, esto no es un pene, es una pena. De echo, no me reiría de su rabo, porque se que le crearía complejo, a no ser, como en este caso, que le guste que se rían por este motivo.

Después de dar una “ronda de reconocimiento”, nos pusimos en un lugar tranquilo pero de paso. Ahí ya si le puse a cuatro patas y empecé a acariciarlo. Quería que se sintiese a gusto, aunque el ya sabe que estando en mis manos puede estarlo. La gente pasaba al lado, y se acercaba mirando. Pese a ser un local mas o menos fetish, se ve que la gente que lo frecuentaba, lo tenia solamente como local de sexo. Aun así, podían verse gente con arneses, aunque con algunos de los que hable con el tema, lo llevaban como estética solamente. Rudolf, empezaba a entrar en su papel de perro, me rozaba con la cabeza. Y le hice el ejercicio típico, de dar la patita. Los dos nos estábamos divirtiendo, le conozco, y se que el además de eso tenia ese punto de vergüenza.

Pasaba la gente, pero yo no encontraba el candidato ideal. Hay que identificar bien, a quien proponerle cosas, por si te llevas una mala respuesta. Pasaba por allí un mulatito, de unos 20cm medio morcillón, ya era la segunda vez que pasaba, y daba la vuelta a su cabeza para mirar. Le hice una señal con la mano para que viniese. Y cuando estuvo aquí le dije “Es mi perrote, y me gustaría comprobar una cosa ¿te apetece” “Si claro!” Me encantó porque el no sabia lo que le iba a proponer y dijo que si. Levante el torso de Rudolf, y le mostré su rabo. “Ves su rabo, ¿crees que esta empalmado o que no?” “Pues la verdad es que no lo se” “Claro es normal. Y que dirías que tu rabo es mas grande, o mas pequeño que el suyo”. El sonreía, entre vergüenza y satisfacción, como todo macho cuando se habla de su falo. “Pues el mio” “El tuyo que” “El mio es mas grande” “Y el suyo entonces es mas pequeño ¿no?, ¿Cómo cuanto de pequeño?” En ese momento su rabo estaba a punto de explotar, el juego le estaba encantando. “Yo creo que es tan pequeño, que no seria capaz de dar placer a nadie, y que sin duda, si alguien elije un rabo, entre el y el tuyo, seguro que elijen el tuyo”. Movi al mulato, hasta acercar su rabo apenas cuatro dedos de la cara de Rudolf, y empecé a tocarle el rabo delante de su cara. “¿Lo ves?, este si es un rabo que me gusta tocar”, me acerque al suyo, y “Ah sigues empalmado no, y además todo babeando, quizás en lugar de un rabo es una babosa”. Después de un rato en este plan nos despedimos del chaval. Creo que el chaval quedó alucinando.

Me puse a acariciarlo, le pregunté que si estaba bien, si tenia calor, si se sentía bien. Y le enseñe un código, “Hasta ahora has hablado como un humano, pero eres un perro, y los perros ladran, asique a partir de ahora ladrarás, un ladrido es “si” o “esta bien” y dos ladridos “no” o “no me gusta”. Si quieres decirme algo “Puede darme permiso para hablar Señor”. Y después de un ratillo, fui paseándolo hasta la barra. El camarero estaba encantado. Había dado ya dos vueltas por el local, para recoger vasos y botellines, y diría que alguna vez solo para vernos jugar. Le puse a cuatro patas y le dije “Ale pide algo de beber”, “woof”, “Vaya disculpa es que es un perro y no sabe hablar”, “ponme dos cervezas”, “woof woof”, “A ver que pasa habla” “No quiero beber alcohol Señor, el alcohol le sienta mal a los perros”, “genial pues ponle una fanta, o quieres que te pongamos en el wc, para beber lo que un perro como tu debe beber, el pis de la peña que esta aquí en el bar (me hubiese encantado ver su cara de asco y de horror, se que no le gusta esa práctica)”. “Woof, woof”, y se acerco a mis piernas y me abrazó. El camarero estaba encantado. Fuimos a reposar a un sitio. Se nos acercó el mulato y estuvimos hablando un poco. Rudolf, estuvo lamiendo mis pantalones de cuero, las botas, yo sentado y el en el suelo.

Le fui llevando de nuevo a cuatro patas, por todo el local. Para la próxima vez tenemos que llevar rodilleras eh Rudolf ;-).  A mi me encantaba que estuviese asi por dos motivos, además de por el de dogtraining en si, es un tio muy muy muy escrupuloso, y se estaba enguarrando, la cerdez estaba subiendo sobre su ser escrupuloso. De vez en cuando se miraba a las manos, se sacudía las rodillas. Y yo disfrutaba con esos momentos. Fuimos a la primera zona de antes. Estube jugando con el, lamiéndome, acariciándole, poniéndomela dura, y lamiéndomela. El me había dicho previamente que no quería lamer ningún rabo ni nada. En Madrid hay una “pandemia” de hepatitis A, y no quería pillar nada. En el coche según me lo decía, realmente tenia cara de terror. De echo uno de los motivos de llevar la mascara de perro era esa. Por eso precisamente, me encantó calentarle, hasta que el me pidiese lamer mi rabo. Aunque el de sobra sabe, que me cuido mucho y que estoy sanote.
En ese momento de juego aparece el mulato, se le acerca otro tío, y se ponen a jugar delante de nosotros también. El mulato mirándonos de reojo. Y trabajándose al tio, estupendamente. Realmente creo que en la cama, los hispanos, son unos cracks!. Con el rabo duro, lo movía con las manos, me sonreía, y miraba de reojo y guiñaba al perro. “Como diciendo, ves lo que hace un rabo de verdad, no el tuyo”. Le cogió al otro del cuello, y sin mucho esfuerzo (el otro lo estaba deseando) le puso a sus pies, a saborear su rabo. Después comenzó a follarle. Rudolf, estaba a mil. Ademas de ser exhibicionista, es un voayeur nato (como yo jeje), y además de disfrutar de la escena, el placer era doble porque sabia que esa follada el otro lo estaba haciendo delante de el, para humillarle en su cara.

Fuimos de nuevo a la barra, y volvimos a pedir una cerveza y una fanta. Esta vez en botellín, que es mas fácil de beber que en la mascara. Rudolf, ya estaba mas desinhibido y caliente, asique empezó a tirar de la correa, y a oler las zapas y los rabos de la gente que teníamos cerca. La gente me miraba con cara de “Y esto??”. El camarero disfrutando. Y unos cuantos en el local mirando. Y yo “si no quieres que lo haga, o hace algo que no te gusta, apartarle  con tu pie, como una patada pero suave”. Vino otro, un machazo precioso, y con buen rabo, peludote, una joya de tío. Y sabia que Rudolf iba a olisquear a ese macho. El se rie, y me pregunta “Que puedo hacer con el”, me encantó su actitud de respeto. “Lo que quieras, si veo algo que se pasa te lo diré, pero el es un perro listo, y no hará lo que no quiera”. Se le empezó a poner dura. Le puso el rabo, delante de su cara y “woof”, estaba deseando su rabo. Y a mi esto me encantaba, ya tenia un charco en el suelo echo con su precum, entre este nuevo tio y los anteriores. Rudolf se acerca a su rabo, y yo me quedo perplejo “Pero si no quería comer rabos”, el otro le resultaba extraño meter su rabo dentro del hocico de la mascara. Entre las rozadoras de la cremallera, el cuero interior, y que una de las habilidades de Rudolf, precisamente no es comerla no duro mucho. Y me suelta, “No lo entiendo”, con cara realmente de sorprendido. “No es una cuestión de entender, sino de sentir. A el le ha encantado, solo tienes que ver como tiene el rabo, y la mancha de precum en el suelo” Si si ya, pero es tan raro” “Si es muy raro, pero tu te has empalmado, asique algo te ha molado” y le guiñe el ojo, y le di un puñetazo suave en el brazo. No me gustan esas actitudes de hipocresía (aunque sean internas y sin querer) cuando haces algo de placer que te mola, y lo niegas. Quizás al primero que te lo niegas es a ti mismo, y después hacia los que te rodean. Cuando lo mejor es que si te gusta, aceptarlo y disfrutarlo a tope. Al rato el se fue.

Yo me lo lleve a la zona donde habíamos estado antes. Y le regañe. “No decías que no ibas a comer rabos” “Era por cortesía” “Ah asique ahora se comen rabos por cortesía” “Es que se estaba portando tan bien” “Bueno y te falta algo, que te ponía burrísimo el tío y la situación” y se calló como un perro jeje. “No me queda otra que castigarte”, le ate con la cadena a un sitio. Le di una tanda de azotes, y le deje solo. Le había dejado en ese sitio, pero porque sabia que le podía ver desde otro sitio sin que el me viese. No recomiendo dejar a nadie atado, sin que estés tu delante, en ningún local. Por si le hacen algo que el no quiera y no puede defenderse. Por mas morbosa que suene la idea. Total, que le estaba mirando desde el otro lado. El se sentaba, y se tocaba, miraba a la gente como follaba, se volvía a tocar. Lo miraban, un tio se acercó y se puso a olerle las zapas. Al rato me pase yo, y le dije “que estas bien”, “no se si ha sido mucho castigo eh, ¿te has estado masturbando?” “Si Señor, y agacho el hocico” “Buen perro” y le acaricié. “Ya sabes que no me gusta nada que me mientan. Yo estaba todo el rato vigilándote desde ahí” Y le señale con la mano.  Estuvimos hablando y jugando un rato.

Le lleve de nuevo de paseo por el local. Y le enganche en una silla de la barra. Sabia que seria su local favorito. “Eres un perro callejero, que va por ahí oliendo rabos de cualquiera. Asique tu sitio es este” Le di una patada. Y le dije al camarero, “Si ves que incordia aquí mucho o algo, le envías aquella esquina” “No que va, todo lo contrario”. Realmente sabia que era así, le estábamos dando vidilla al local. Pero nunca se sabe, a alguien le puede sentir mal que de repente alguien venga y le olisquee cuando se vaya a pedir una cerveza jeje.

Estuve dando una vuelta por el local yo solo, hablando con gente, investigando. Aquí fue cuando preguntaba por los arneses. Miraba las orgías, participaba con mis manos (y después lavándomelas). Hubo un intento de fist, pero fallido, un tío se subió al sling, pero su deseo era ser follado, mas que ser fisteado. Me hubiese gustado fistearle, mientras el perro estaba al lado atado y mirando. Pero tenia nostalgia por estar con Rudolf, y sobre todo por estar con XXX mi sumiso novio. De vez en cuando me pasaba por la barra, a veces preguntándole, otras dándole con el pie pero sin decirle nada. Y ya cuando eran casi las 2, le dije “¿nos vamos?”, “Si Señor”. Ya nos lo habíamos dicho mutuamente los dos, varias veces antes, pero siempre imperaba el “un poquito mas”.

 Le lleve al baño, hice que se lavase, aunque se que en su casa se echaría hasta lejía. Le quite la mascara, le abraze. Y nos fuimos vistiendo. El del ropero nos dijo “gracias chicos, volved cuando queráis”, y el camarero nos dio un guiño y un gesto con la mano, acompañado de una sonrisa. Ya una vez que estábamos en la calle, me preguntó “Amo, quiere que le lleve a su casa”. Me encantó la pregunta, me encantó que me siguiese tratando de Amo, una vez fuera de la “sesión”. Yo le respondí que no, que me iba a la casa de mi otro novio, que vivía cerca.
Estaba todo salido y con ganas de verlo. Me fui a su casa. Abrí la puerta, me quite la camisa, y allí estaba yo encuerado y con el arnés. Encendí la luz. Y el se soprendió… y lo que pasó aquí queda para otro artículo.

Siempre que quedo con Rudolf me lo paso bien. Es un tío encantador, cariñoso, y que se mete dentro de su papel. Es de esos sumisos, que son sumisos cuando esta a mis pies. Me encanta humillarle y reirme de él, a la vez que le cuido.Pero luego tienen una vida diaria, en la que no son sumisos. De echo, tiene una vida muy plena a muchos niveles. Me encanta jugar con el y que esté a mis pies. 

10 comentarios:

  1. Dioooooossss !!! Me ha encantadooooo :-)
    Todoooo...
    Y no creo que sea necesario decir los porques, jejeje

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  2. Me ha gustado mucho, especialmente tu exquisita atención hacia Rudolf en todo momento. Efectivamente en la humillación ante un pene de pena, como tú dices, hay que tener mucho cuidado y ser muy prudentes porque se puede hacer mucho daño psíquico a un hombre con ese tema, pero, ¿no te ocurre que muchos de ellos justamente quieren ser humillados con eso? Es un tema al que le vengo dando vueltas a raíz de una entrada que voy pensando.

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    1. Efectivamente hay que tener mucho cuidado, pero manejandolo bien es una herramienta interesante. Curiosamente en el mundo de la mujer, no hay ese problema en los genitales, pero si en los pechos.

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  3. Hay sumisas que expresan su incomodidad por el hecho de estar o tener que mantenerse desnudas para el Amo, no por sus genitales, sino por una baja aceptación de su cuerpo en general, cosa que me parece no pasa con los varones.

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    1. La baja aceptación del cuerpo creo que es general, y mas en esta época donde si no estas en unos canones, no "eres nadie". Si bien es cierto en una mujer se le asocia a algo sucio y lascivo, en el sentido peyorativo de la palabra. De echo por ejemplo, unos pechos de hombre no son tan censurables como unos pechos de mujer. O una mujer libre sexualmente, no tiene la misma valoración que un hombre. Esto mismo lo arrastramos a la desnudez.

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  4. La verdadera esencia del BDSM. Estaría bien poder encontrar amo que nos adoptaran y nos sacaran de la perrera.

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    1. Pues todo es cuestión de que uno se trabaje a varios niveles y salir a buscar en los sitios adecuados.

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