miércoles, 10 de febrero de 2016

Sesión con Victor, gagging, dildos


Victor, 40 años, tío normalete muy morbosete. Hablamos poco pero sobre diversas cosas. Y como me vio que soy un tío que no me cierro a nada, me propuso una sesión de gagging pero no con mi rabo sino con dildos. Claro, era una propuesta diferente y me sedujo. 

Preparé la sala, intenté como siempre cuidarla con esmero. Preparé un conjunto de dildos, un gag por si cerraba la boca, y alguna cosilla más. Entró por la puerta, le miré a los ojos y ya sabía que iba haber química. Hice que se sintiese cómodo, lo abracé, y trasmitía ese calor que transmiten los hombres varoniles. Se fue desnudando y efectivamente debajo de aquella ropa fue asomando un cuerpo de hombre.  Hice que se agachase a lamerme el pantalón de cuero, y el tío se veía que no era la primera vez, se le veía currado. Asique después le di mis botas para que me las dejase bien limpias y me las desatase. Una gozada porque tenía una cara de macho y de vicioso a la vez.  Después de quitarme las botas, me comió morbosamente los pies, y decidí que era el momento. 

Le puse a cuatro patas sobre la alfombra, y fui acariciándole con un dildo. Le abrí la boca con el y poco a poco se lo fui pasando por toda la boca. Era un dildo pequeño de 5cm, suficiente para el primer con-tacto. Le humillé diciéndole “¿esto es bastante para ti?”. Me metí la parte trasera en mi boca y fui empujando con la boca el dildo, para así irle follándole la boca mientras le besaba. Después decidí pasar a otro dildo mayor, desde luego prometía, ya empezaba a echar las primeras babas. De ese dildo pase a uno ya de tamaño más interesante unos 20cm y articulable. Fui metiéndolo poco a poco, con este ya conseguí la primera arcada, mientras le miraba a los ojos. La sensación de tenerle ahí me encantó. Fui controlando como iba entrando, como llegaba el punto al que no podía más y jugando entre esas dos bandas. El dildo no le cabía entero, asique decidí tomarme el reto de metérselo entero y contar hasta 40. Las arcadas fueron brutales, él quería respirar, pero no podía, estoy seguro de que se tubo que tragar su saliva.  Esa sensación de dominación sobre su cuerpo fue brutal. Creo que el juego aunque estaba siendo bizarro, me estaba gustando, o quizás me gustaba porque era bizarro. 

Seguimos jugando con el resto de los dildos probando uno a uno. Más grande, más pequeño, textrura más suave o más dura. Uno a uno le iba provocando diferentes sensaciones. Intente meterle el “dildo” de las bolas chinas, y aquí vino el segundo reto, quería ver hasta donde conseguía que tragase. Con dos bolas ya dio una arcada, así que había que luchar a por la tercera, mimarle para que se sintiese seguro de sí mismo, e irle trabajando la garganta. Y efectivamente, trago la tercera, se la retuve un poco en la garganta, lo justo para que le diesen dos arcadas seguidas. Reto conseguido. 

Después le puse sobre la camilla, para que colgase la cabeza de ella, y la postura fuese diferente, ahí seguimos probando los dildos que a mí me habían gustado más por las sensaciones que le provocaban. Era genial. Estaba dominando la garganta de un tío, que se abría para mí. Según iba escupiendo, le dije que lo hiciese en mi mano para extendérselo por su barba y cara, para que se sintiese más humillado. Igual que estaba el suelo, estaba el. Me estaba gustando mi juguete nuevo. Los dos estábamos muy excitados. Le unté con su espesa baba su rabo, y le dije que se masturbase. Cuando se corrió di por ter-minada la sesión. 

Después seguimos hablando. El tío me estaba encantando, es un tío sin tabúes, macho, y con mucha experiencia a sus espaldas. Suele ser Amo pero a veces le gusta probar el otro lado. Me dijo que me invi-taba a comer para seguir la charla. Así que como después no tenía trabajo, decidí ir con él, para seguir conociéndole. Los dos nos quedamos con ganas de mas, asique lo acompañe hasta su casa, donde me enseñó parte del trabajo que hacía, y hablamos de futuros proyectos en común. Entre los más inmedia-tos, el dejarle un esclavo para que le haga de pornochacho, y profundizar más aun en ese nuevo morbo que los dos estábamos descubriendo, además de otras cosas que por discreción no pongo por aquí. Me fui dando una vuelta hacia casa, con el corazón pleno, esa sensación de haber estado a gusto y más que a gusto con alguien. A la vuelta a casa leo en el wasap “Me ha encantado conocerte. Eres un crack!”

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Para las fotos como para este relato he pedido permiso a la persona que participa en él. Nunca publico nada sin el consentimiento de los que participan en las sesiones. Los datos están modificados para que la persona permanezca en el anonimato, por eso mismo tampoco muestro las caras. 

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